La comercialización de frijol en Durango enfrenta nuevamente un escenario complicado, pues alrededor de 30 mil toneladas de la cosecha de 2025 continúan en manos de productores cuando falta aproximadamente un mes para que comience el levantamiento de la nueva producción.
Rubén Ibarra Alcántar, dirigente estatal de los productores de frijol, explicó que parte de los campesinos todavía conserva el grano en sus domicilios debido a que no han encontrado compradores dispuestos a pagar un precio que consideren justo.
El contraste entre los precios oficiales y los ofrecidos por intermediarios ha sido uno de los principales obstáculos. En los centros de acopio autorizados, el frijol alcanzó los 27 pesos por kilogramo, mientras que los llamados “coyotes” llegaron a pagar únicamente 10 pesos y, una vez concluido el periodo oficial de recepción, actualmente ofrecen alrededor de ocho pesos por kilo.
Frente a estas condiciones, algunos productores han decidido conservar su cosecha antes que venderla con pérdidas que pueden llegar a 20 pesos por kilogramo. Otros, en cambio, han tenido que aceptar los bajos precios para obtener recursos y cubrir sus necesidades económicas.
El panorama podría complicarse todavía más en octubre, cuando inicie la recolección de la cosecha de este año, debido a que los espacios de almacenamiento continúan ocupados con producto de 2025.
“Necesitamos que las autoridades saquen ese grano y lo acomoden o vendan para poder darle la entrada a la cosecha de este año”, señaló Ibarra Alcántar.
De no liberarse los almacenes, advirtió el dirigente, existe el riesgo de que la producción nueva termine acumulándose junto con la anterior, lo que reduciría aún más la capacidad de los productores para guardar y comercializar el frijol.
Durante la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a Durango, los productores aprovecharon para entregarle un oficio en el que solicitaron conservar en 27 pesos por kilogramo el precio de garantía para la próxima cosecha, con el objetivo de evitar una disminución.
A la problemática de comercialización se suma la posibilidad de que la producción de este año sea menor a la esperada. La falta de lluvias durante agosto afectó diversas parcelas y podría provocar una reducción en el rendimiento por hectárea.
“De por sí, este año podríamos tener una mala cosecha porque la falta de lluvias en agosto sí perjudicó muchas siembras y mermará la producción por hectárea”, concluyó.





